1 Semillero de
investigación en medicina interna -SIMI, grupo de
investigación MI-Dneuropsy, Universidad Surcolombiana, Neiva,
Huila.
2 Residente de tercer año de medicina interna, Universidad
Surcolombiana, Neiva, Huila.
3 Médico rural de investigación, Hospital Universitario Hernando
Moncaleano Perdomo, Neiva, Huila.
4 Médico Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila.
5 Médico internista endocrinólogo, coordinador de la clínica de heridas
y trastornos metabólicos, Hospital Universitario Hernando Moncaleano
Perdomo, Neiva, Huila. Director científico ENDHO Colombia.
6 Médico internista neumólogo, jefe del servicio de neumología,
Hospital
Universitario Hernando Moncaleano Perdomo. Jefe departamento de
medicina interna, Universidad Surcolombiana, Neiva, Huila.
*Correspondencia:
cristhianramos1989@hotmail.com, cfrr89@gmail.com
Fecha de recepción: 27/08/2018
Fecha de aceptación: 28/01/2019
Resumen
La tuberculosis permanece como la enfermedad infecciosa
que más muertes ha causado a lo largo de la historia de la existencia
humana, sin poderse aún lograr su control.
En años recientes ha emergido un cúmulo importante de
evidencia clínica acerca de la función de la vitamina D (calcitriol o
1,25 hidroxivitamina D) en un papel que va más allá de
la homeostasis del calcio. Su papel en el sistema inmunológico es muy
interesante vinculando su déficit como un factor de
riesgo contribuyente y así mismo fisiopatológico en un gran
número de enfermedades autoinmunes e infecciosas. Dentro
de éstas se destaca la tuberculosis, enfermedad endémica en
nuestro país y en la cual el déficit de dicho compuesto (vitamina D)
crea un factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad en su forma
activa.
Presentamos una revisión detallada de los estudios que
explican el papel de la vitamina D en la susceptibilidad para
el desarrollo de tuberculosis y los resultados de los estudios
clínicos de suplencia de la misma publicados a la fecha.
Palabras clave: tuberculosis,
calcitriol.
Summary
Tuberculosis remains the infectious
disease that has caused
more deaths throughout the history of human existence, without
being able to even manage to control this disease.
In recent years, an important body of clinical evidence has
emerged about the role of vitamin D (calcitriol or 1,25 hydroxyvitamin
D) in a role that goes beyond calcium homeostasis;
of these its role in the immune system is very interesting, linking
its deficit as a risk factor, contributor and physiopathological in
a large number of autoimmune and infectious diseases. Within
these stands out the tuberculosis, endemic disease in our country and
where the deficit of this compound (vitamin D) creates a
risk factor to develop this disease in its active form.
We present a detailed review of the studies that explain the
role of vitamin D in susceptibility to the development of tuberculosis
and the results of the clinical studies of its substitution to
date published.
Keywords:
tuberculosis, calcitriol.
Introducción
La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa, transmisible,
de gran importancia para la salud pública mundial.
Esta patología probablemente surgió hace aproximadamente
70.000 años, y acompañó los procesos de migración de humanos de África
hacia el resto del mundo(1). Es aún una epidemia
global y si no se trata puede alcanzar tasas de mortalidad hasta del
70% para personas infectadas con baciloscopias positivas(2).
Durante los últimos dos siglos la tuberculosis ha causado
el fallecimiento de aproximadamente un billón de personas,
permaneciendo dentro de las primeras 10 causas de muerte a
nivel mundial y como una significativa etiología de discapacidad
pulmonar crónica(3).
Por lo anterior, a lo largo de la historia se han diseñado
múltiples estrategias para controlar esta enfermedad, aún no
del todo exitosas, pese a los cambios recientes de la epidemiología
mundial (tendencia a la disminución de la prevalencia)(3).
Todos los esfuerzos de investigación realizados con el objetivo de
implementar estrategias más eficientes para el diagnóstico, seguimiento
y tratamiento son necesarios en todas las
latitudes y en especial en los países donde la enfermedad es
endémica.
Durante los últimos años, han emergido múltiples datos
tanto de la investigación clínica como básica acerca de la importancia
de la vitamina D en la defensa contra esta enfermedad. A continuación,
se presenta una revisión de los datos más
importantes a la fecha.
Tuberculosis, situación actual
Epidemiología
Aunque la incidencia ha declinado lentamente en los últimos 15 años a
una tasa de 1,5% por año, la carga de la enfermedad es sustancial. En
el año 2013 fueron reportados nueve millones de casos nuevos de
tuberculosis (126 casos por
100.000) de los cuales el 60% se concentraron en países de
alta carga de la enfermedad. Sin embargo, se estima que la tasa
de detección de casos solo corresponde al 64% del total y de
manera preocupante 3.3 millones de casos no fueron diagnosticados o no
reportados. En contraste, la mortalidad ha declinado sustancialmente en
los últimos 20 años de 30 casos por
100.000 a 16 casos por 100.000 personas para el 2013. Para
este mismo año, se estimó que cerca de 1.1 millones de personas tenían
coinfección con VIH (virus de la inmunodeficiencia humana), de los
cuales el 80% de los casos ocurrieron en
África; las muertes de tuberculosis asociadas a VIH sumaron el
25% del total del número de muertes asociadas a tuberculosis.
En el 2013, se estimaron 480.000 casos nuevos de tuberculosis
resistente a múltiples fármacos a nivel mundial con aproximadamente
210.000 muertes relacionadas. Los casos de tuberculosis
multirresistente se reportaron en 3,5% de casos nuevos
y 20,5% de los casos con retratamiento. Para el mismo año se
reportaron 550.000 casos en niños y 80.000 muertes en esta
población fueron reportadas en coinfección con HIV(3,4).
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud en su
informe mundial sobre la tuberculosis del año 2016,
para el año 2015 se reportó una incidencia de TB de 10,4 millones, de
los cuales 11% representaban pacientes con VIH.
El 60% de los casos se dio en India, Indonesia, China, Nigeria,
Pakistán y Sudáfrica. El número estimado de nuevos casos
multirresistentes fue de 480.000 y el número de muertes fue
de 1,4 millones. Con este panorama, la tuberculosis continúa
siendo una de las diez principales causas mundiales de muerte
en 2015(3,4).
Los factores de riesgo claves asociados con tuberculosis
incluyen: pobreza, sobrepoblación, desnutrición, abuso de
alcohol, infección por VIH, silicosis, enfermedad renal con
necesidad de diálisis, cambios fibroapicales en la radiografía,
la diabetes, el tabaquismo y la terapia inmunosupresora(5,6).
Sin embargo, el riesgo atribuible varía de acuerdo con la carga global
del factor de riesgo asociado, se ha estimado de la
siguiente manera: VIH (11%), tabaquismo (15,8%), diabetes
(7,5%), alcoholismo (9,8%), desnutrición (26,9%), polución
del aire (22,2%)(7). Estos datos tienen implicaciones obvias en
la salud pública y ponen a la luz la necesidad de integración
de los servicios comunitarios y no comunitarios. Estudios de
modelos, pese a sus grandes limitaciones, sugieren que la eliminación
de la tuberculosis es solo probable que se logre para
el año 2050, si las intervenciones diagnósticas y terapéuticas
(detección temprana de casos y altas tasas de curación) son
combinadas con estrategias preventivas (vacunas y tratamiento de
tuberculosis latente en los dos billones de personas reservorios en
pacientes de países de alta y baja carga)(8).
Vitamina D
Metabolismo de la vitamina D
La vitamina D se produce en la piel a través de la exposición
a los rayos ultravioleta. Sufre un proceso de transformación de
7-dehidrocolesterol a vitamina D3 o colecalciferol. También se
puede absorber a través de alimentos en forma de vitamina
D3 o ergocalciferol (vitamina D2)(9), la primera se absorbe de
manera más eficiente en el intestino(10). Ambas formas hasta
este punto son inactivas biológicamente.
El colecalciferol, independientemente de su forma de adquisición, es
procesado por la enzima 25-hidroxilasa en el hígado para producir
25-hidroxivitamina D (25 (OH) D). En el
riñón, la 25-(OH) D es hidroxilada por la enzima 1 alfa hidroxilasa
(CYP27B1) a la forma activa 1,25 dihidroxivitamina D
(1,25 (OH)
2 D) también conocida como calcitriol(9). En el
riñón,
la producción de 1,25 (OH)
2 D es regulada por el calcio
sérico
y la hormona paratiroidea(11).
Los metabolitos de la vitamina D son transportados por
proteínas de unión a la vitamina D (DBPs) aunque, en su forma libre, el
calcitriol (clasificado como hormona esteroidea)
actúa en receptores intracelulares de vitamina D (VDRs) para
iniciar la señalización intracelular(12). Este receptor es un factor de
transcripción ligando dependiente perteneciente a la
superfamilia de receptores hormonales esteroides/tiroides. El
receptor retinoide X, un receptor nuclear para el 9-cis ácido
retinoico es un compañero obligado del VDR para mediar la
acción de la vitamina D(13).
Las funciones clásicas de la vitamina D son la homeostasis del calcio y
el metabolismo del hueso; sin embargo, se
han identificado en el organismo receptores de vitamina D en
otros tejidos, incluyendo el sistema inmune, de hecho todas
las células del sistema inmune han demostrado expresar sus
receptores, por lo cual actualmente se acepta al calcitriol como
un regulador del sistema inmune(14).
Inmunomodulación
Se han estudiado múltiples efectos de la vitamina D sobre
el sistema inmune desde la década de los 80. Se ha descrito
que inhibe la proliferación de células T y la secreción de ciertas
citocinas(15,16), inhibe además la transcripción de IL-2, de IFN-g,
y la producción de IL-17 por las células Th17(17,18). En modelos
murinos se ha llegado a la conclusión de que estimula la producción de
IL-4 mientras regula la producción de IL-17 e INFg, lo cual podría
tener un papel importante en la regulación de
enfermedades inmunes mediadas por estas citocinas(19).
Durante las infecciones, las células del sistema inmune innato
reconocen patrones de moléculas asociadas con grupos
de patógenos (PAMPs), éstos son reconocidos por los receptores tipo
Toll (TLR), los cuales estimulan la activación de la
enzima CYP27B1 con la subsecuente producción de 1,25 (OH)
2
D3 por las células del sistema inmune(20). La unión de la 1,25 (OH)
2
D3 a sus receptores (VDR) conlleva a la expresión del
gen beta defensina 4A (DEFB4A) que codifica la beta defensina
4 y el gen encargado de la expresión de catelicidina. Ambos
péptidos son mediadores intracelulares de la actividad antiviral y
antibacteriana(19,21).
Además de los anteriores, otros factores antimicrobianos
claves estimulados por la vitamina D incluyen radicales libres
de oxígeno, óxido nítrico sintasa y la forma activa de IL-1b la
cual también estimula la producción de beta defensina(22,23).
Tuberculosis y vitamina D
Tanto la desnutrición proteínico-calórica como las deficiencias de
micronutrientes generan una disfunción de la inmunidad celular, una
importante medida de protección contra
la tuberculosis(24). Una vez la enfermedad se desarrolla, ésta en
sí misma genera un estado catabólico que resulta en un balance negativo
de nitrogenados y deficiencias de micronutrientes.
Generaciones de médicos que han tratado a estos pacientes
han pensado que el soporte nutricional es una medida crucial
para el cuidado de los mismos. Sin embargo, ¿por qué ha sido
difícil demostrar en pruebas aleatorizadas, controladas que
las intervenciones nutricionales mejoran los resultados de los
esquemas terapéuticos?; los datos de las revisiones sistemáticas han
demostrado que, si bien no hay beneficios consistentes en los
resultados específicos de tuberculosis, sí se mejora
el estado nutricional de los pacientes(25-27).
En los últimos 30 años, los investigadores han descubierto muchos
papeles y mecanismos de la vitamina D, tanto en el
sistema inmune innato como en el adaptativo(28). La vitamina D
promueve la eliminación del
Mycobacterium
tuberculosis
por
medio de la destrucción medida por los macrófagos(29). Dentro
de los mecanismos puntuales, se sabe que la transcripción de la
catelecidina es completamente dependiente de los niveles suficientes de
vitamina D y tiene la capacidad de destruir de las
membranas micobacterianas en el fagosoma-lisosoma en los
macrófagos(30). Lo anterior ha generado que se realicen varias
pruebas de fase 2 de suplementación de vitamina D, la mayoría sin
mostrar beneficio sustancial en términos de resultados
asociados con la enfermedad(31-33). Con un adecuado diseño y
metodología de los estudios mencionados, el tiempo medio de
conversión de cultivo de esputo fue similar entre los pacientes
en los grupos placebo y de vitamina D; también fue similar la
proporción de pacientes con cultivo positivo a los dos meses.
¿Esto significa que la suplementación no es de valor en el manejo de la
tuberculosis pulmonar? La respuesta a la pregunta
anterior aún no es clara. Si bien esta molécula estimula la destrucción
mediada por macrófagos de las micobacterias, también
regula esta respuesta induciendo mecanismos que inactivan algunos
aspectos de la respuesta inmunológica y modulan otros.
La vitamina D en sí misma induce mecanismos que inactivan la
vitamina D y la respuesta inmune innata asociada a la misma y
la inflamación(34). En términos del sistema inmune adaptativo, la
vitamina D suprime la respuesta celular Th1 que es crucial contra la
defensa de las micobacterias y promueve una predominancia de una
respuesta de tipo Th2 con tolerancia inmunológica, inmunidad humoral y
defensa contra infecciones virales(35).
Algunos autores han sugerido que la actividad antimicobacteriana de la
vitamina D puede operar a nivel inicial en la
implantación e ingestión del bacilo por los macrófagos alveolares y las
células dendríticas(36). En otras palabras, esto significa que esta
vitamina puede ser importante para la prevención de la enfermedad
sintomática; más que unas dosis dadas
en momentos discretos después del desarrollo de la enfermedad activa,
los niveles constantes de suficiencia pueden ser
importantes para evitar la enfermedad. Esta respuesta inicial,
además, es dependiente no solo de la vitamina D, sino también
de varios micronutrientes y del estado nutricional, así la optimización
de la respuesta inicial puede requerir la consideración de un estado
nutricional más amplio. Las pruebas clínicas
de conversión del esputo pueden estar mal direccionadas si la
mayor acción de la vitamina D en la enfermedad activa es mitigar la
respuesta inflamatoria e inmune(31,32). Esta función se
puede evidenciar mejor a través de la restricción del daño tisular y
prevención de la recaída más que con la aceleración de
la conversión del esputo; sin embargo, realizar estos estudios
demanda mayor tiempo, costo y son más difíciles de hacer.
En cuanto a pruebas clínicas de evaluación de los niveles
de vitamina D en lavado broncoalveolar se cuenta con dos:
- Cadranel y colaboradores(37) en el año de 1988 investigaron la
producción extrarrenal de vitamina D en tuberculosis en un paciente con
la enfermedad, hipercalcemia y niveles
plasmáticos elevados de 1,25 (OH)2 D, por medio de la
obtención de
macrófagos alveolares y células frescas cultivadas
del lavado broncoalveolar. Aquí demostraron que el metabolito activo de
la vitamina D [1,25 (OH)2 D] se sintetiza antes
y después de los nueve meses de una terapia antimicrobiana
completa. La capacidad continua de producción de la vitamina D estuvo
asociada con alveolitis linfocítica persistente en el paciente. La
producción extrarrenal de la misma probablemente
contribuyó a los niveles plasmáticos aumentados en el paciente. No
obstante, no observó una correlación estrecha entre los
niveles de calcio y el metabolito activo de la vitamina D. Sus
hallazgos sugirieron que, aunque la producción extrarrenal de
la vitamina D ocurre en la tuberculosis, esta anormalidad no es
la principal explicación del estado alterado del metabolismo
del calcio que se aprecia en estos pacientes.
- Estos mismos autores(38) posteriormente realizaron un
estudio con el objetivo de comparar la producción extrarrenal
de la vitamina D (1,25 (OH)2 D) en diferentes tipos de
enfermedades
granulomatosas e identificar cuáles eran las células
fuente de la misma, esto por medio de la conversión del metabolito
inactivo a la forma activa [1,25 (OH)2 D] en células no
cultivadas pero obtenidas del lavado broncoalveolar y mononucleares en
sangre periférica de pacientes normocalcémicos
con sarcoidosis y tuberculosis. La vitamina D se produjo en
ambos tipos de células: células del lavado (12/12 pacientes
con tuberculosis y 2/6 pacientes con sarcoidosis) y mononucleares (3/5
pacientes con tuberculosis y 0/3 pacientes con
sarcoidosis); sin embargo, no fue así para los controles. Por
otro lado, los niveles fueron significativamente mayores entre las
células del lavado broncoalveolar de los pacientes con
tuberculosis comparados con los pacientes de sarcoidosis
(P<0,001). La producción del metabolito activo de la vitamina
D en el lavado de los pacientes con tuberculosis se correlacionó con el
número de linfocitos T CD8 pero no con otros tipos
celulares. Los linfocitos T fueron una fuente significativa de
producción de la vitamina D, pues luego de purificadas dichas
células todas mantenían esta capacidad y su producción se correlacionó
estrechamente con la producción de las células no
purificadas. Sus resultados soportaban la conclusión previa de
que la interacción linfocito-macrófago, mediada en parte por
la vitamina D activa, era un importante componente de la respuesta
inmune antituberculosa exitosa.
Más recientemente, Yamshchikov y colaboradores(39) realizaron un
estudio con el objetivo primario de evaluar la relación entre los
niveles séricos de vitamina D y la catelicidina
en pacientes con tuberculosis activa en 95 muestras del banco
sérico del estudio Tuberculosis Trials Consortium. La prevalencia
encontrada de insuficiencia de vitamina D [25(OH)D
<30 ng/ml] en pacientes con tuberculosis activa fue de 86%
con una concentración media de base de 20,4 ng/ml. La concentración
media (± SD) de la catelicidina fue de 49,5 ± 23,8
ng/ml. Las mayores concentraciones se correlacionaron con
el esputo positivo y un peso >10% debajo del peso corporal
ideal. Lo anterior mostrando que no se encontró que el estado
sérico de la vitamina D no se relaciona con las concentraciones
de la catelicidina sérica.
Zhan y colaboradores(40), en China, realizaron un estudio en
el que buscaban ver el estado de la vitamina D, la catelicidina
y las citocinas (interferón gamma, IL-4 e IL-7) en los linfocitos
Th en pacientes con tuberculosis pulmonar y diabetes mellitus,
factor de riesgo ampliamente conocido para la enfermedad.
Por medio de la medición sérica de los mismos, encontraron
que los pacientes con tuberculosis sin diabetes y los pacientes
diabéticos con tuberculosis tenían niveles en rango de deficiencia o
insuficiencia de vitamina D. Los niveles de la catelicidina
y las citocinas de producción en linfocitos T, fueron mayores
en los pacientes con tuberculosis con o sin diabetes que en los
pacientes controles. Nuevamente no se halló una correlación
entre los niveles séricos de vitamina D y de catelicidina.
A la fecha no se cuenta con estudios que correlacionen la
producción local (pulmonar) de citocinas antituberculosas, catelicidina
y los niveles de vitamina D en pacientes con tuberculosis o sospecha de
la enfermedad y su relación con el estado
sérico de la misma [25 (OH)
2 D].
Fisiopatología (estudios in-vitro)
Uno de los mecanismos por los cuales la tuberculosis ha
representado un reto en cuanto a su manejo terapéutico está
relacionado con su capacidad de ser una infección crónica al
inhibir la activación de macrófagos, ya que una vez el bacilo
es fagocitado por los macrófagos puede inhibir la fusión de fagosomas
con lisosomas, lo que permite escapar de su acción
bactericida y llevar a su supervivencia intracelular(41). Esto lo
logra a través de la expresión de la proteína de recubrimiento
que contiene triptófano y aspartato (TACO) dentro de los fagosomas(42).
Precisamente en este punto de la historia natural de
la tuberculosis se cree que la vitamina D juega un papel importante, la
activación de receptores tipo Toll (TLR) por PAMPs
incrementa la expresión de CYP27B1, que convierte la 25 (OH)
D a su forma activa 1,25 (OH)
2 D3, la cual induce la
autofagia
de células fagocíticas(43).
Por otro lado, se ha comprobado que la 1,25 (OH)
2 D3 inhibe
la actividad de metaloproteinasas (MMPs) por lo que de
esta manera disminuye las cavitaciones típicamente asociadas
a la infección por
Mycobacterium
tuberculosis (MT)(44)
Efecto protector (estudios observacionales)
La importancia de los niveles de vitamina D en la prevención de la
tuberculosis se ha descrito con mayor fuerza desde
1985 cuando investigadores observaron que las personas residentes en
Reino Unido que provenían de países con alta incidencia de infección
latente por TB presentaban tasas de TB
activa que incluso excedían las de sus países de origen. Este hecho se
asoció a que los inmigrantes presentaban deficiencia de
vitamina D que se debía, probablemente, a la disminución de
exposición solar en el Reino Unido(45,46). Desde entonces se han
realizado múltiples estudios que buscan reforzar esta teoría.
Los niveles de vitamina D son determinados a través
de la medición de 25 (OH) D en plasma o suero, éste es el producto de
la primera hidroxilación y es sintetizado en el
hígado. El Instituto Norteamericano de Medicina ha clasificado de la
siguiente forma los valores: 50-125 nmol/L (20-
50 ng/ml) como normal, niveles entre 30-49,9 (12-19,9 ng/
ml) como inadecuados y niveles por debajo de 30 nmol/l
(12 ng/ml) como deficientes mientras que niveles por encima de 125
nmol/l (50 ng/ml) como potencialmente perjudiciales(47).
En un estudio de casos y controles realizado en el año
2013 se compararon los niveles en plasma de 25 (OH) D en
pacientes que recibieron tratamiento para tuberculosis respecto a
pacientes que no habían presentado la enfermedad.
Se encontró que los pacientes que recibieron tratamiento
presentaban niveles más bajos de vitamina D (24,7 ng/ml
vs. 33,6 ng/ml)(48). En Corea se realizó un estudio similar de
casos y controles en el que se compararon los niveles de vitamina D
entre pacientes con TB y pacientes sanos. Se concluyó que los pacientes
con TB tienen una mayor prevalencia
de deficiencia de vitamina D (casos 9,86 ng/ml, IQR 7,19-
14,15; controles 16,03 ng/ml, IQR 12,38-20,30, P < 0,001),
además los niveles de vitamina D se incrementaron después
del tratamiento(49).
Resultados similares se encontraron en un metanálisis
publicado en el año 2015; se revisó un total de 15 estudios
que incluían 1.440 casos y 2.558 controles, los resultados
indicaban que valores de 25 (OH) D menores a 12,5 nmol/l
incrementaban de forma significativa el riesgo de tuberculosis (OR =
4,556, IC 95%= 2,200-9,435; 13-25 nmol/L: OR
= 3,797, IC 95% = 1,935-7,405), no se encontró asociación
con niveles mayores de 51 nmol/L(50). Respecto al papel de la
vitamina D en la respuesta al tratamiento anti-TB, un estudio
prospectivo realizado en Malawi con 169 pacientes encontró
que no había relación entre los niveles de vitamina D respecto al
desenlace del tratamiento y, por otro lado, se encontró
que los fármacos anti TB, a pesar de sus efectos metabólicos
no disminuían los niveles de vitamina D y, por el contrario,
aumentaban sus niveles(51).
También se ha buscado determinar los niveles de vitamina
D en otros fluidos diferentes al plasma, en un estudio de casos
y controles se midieron los niveles tanto en plasma como en
líquido pleural en pacientes con tuberculosis y en pacientes
sanos. Tuvieron en cuenta la relación entre la vitamina D y la
vitamina A, ya explicada, por lo que aparte de los niveles de
colecalciferol incluyeron en la medición de 13-cis ácido retinoico.
Encontraron que los niveles de ambos compuestos fueron menores en
pacientes con tuberculosis (niveles de colecalciferol en plasma 67,45
(10,71) nmol/L y en líquido pleural
21,40 (8.,58) nmol/L de pacientes con tuberculosis vs. pacientes sanos,
plasma: 117,43 (18,40) nmol/L (P <0,001) y líquido
pleural 94,73 (33,34) nmol/L (P = 0,0049) y niveles de ácido
retinoico, casos 1,51 (0,72) nmol/L vs. controles 6,67 (0,81)
nmol/L (P < 0,001))(52).
¿Profilaxis con vitamina D?
Son pocos los estudios que han analizado el papel de la
administración de vitamina D en la profilaxis de tuberculosis.
Hasta ahora la mayor parte de la evidencia se concentra en el
hecho de que en la mayoría de pacientes con tuberculosis hay
niveles de vitamina D deficientes. Los estudios hasta ahora
realizados en el campo de la profilaxis han utilizado la conversión de
la prueba de tuberculina como método para evaluar la
efectividad de la profilaxis, aquellos pacientes que presentaron
conversión en esta prueba presentaban niveles significativamente
menores de vitamina D(53,54).
Efecto terapéutico
El efecto terapéutico de la vitamina D en la infección por
tuberculosis no es un asunto reciente. Si bien actualmente se
cuenta con estudios clínicos que ayudan a sustentar esta idea,
la utilización de la vitamina D presenta una evolución histórica
en el manejo de la tuberculosis.
Helioterapia
Los beneficios de la luz ultravioleta en el tratamiento de la
tuberculosis cutánea se dieron a conocer en 1903 y fueron suficientes
para ser motivo de entrega del premio Nobel de Medicina al Dr. Finsen.
En ese mismo año, un suizo de apellido Rollier
abrió las puertas de un hospital para el tratamiento de tuberculosis,
usando diferentes grados de exposición solar(55,56).
Aceite de hígado de bacalao
Fue uno de los primeros tratamientos indicados en 1770
para la tuberculosis; conociendo su contenido rico en vitamina
D fue ampliamente usado en décadas posteriores. Los diferentes casos
reportados hacían referencia a la resolución de síntomas, e incluso a
reducción de la mortalidad de hasta el 19%
debido al uso de este aceite(57).
Ensayos clínicos
Un ensayo clínico se realizó con el fin de determinar si el
suplemento de vitamina D durante el tratamiento de TB influía
en la velocidad de recuperación. En el estudio SUCCINT (
Supplementary cholecalciferol in recovery
from tuberculosis) se administró de forma aleatorizada a 259
pacientes con TB 600.000 UI de
vitamina D3 intramuscular o placebo por dos dosis. Después de
12 semanas, los pacientes que recibieron vitamina D presentaron mayor
ganancia de peso (3,75 Kg, (IC 95%3,16-4,34) vs. 2,61
kg (IC 95%1,99-3,23) p=0,009), una rápida mejoría clínica y
radiológica, así como una activación del sistema inmune evidenciada en
la mayor secreción de IFN-gamma en respuesta a MTBs(31).
El efecto de la vitamina D en la tuberculosis activa se ha
propuesto comprobar bajo el uso conjunto con la vitamina A,
como hipótesis se ha propuesto administrar ambas vitaminas
de forma inhalada con el fin de llegar de forma directa al sitio de
infección. Sin embargo, aún faltan estudios clínicos que
comprueben esta teoría(58). En diferentes ensayos clínicos se
ha visto que la suplementación con vitamina D durante la fase
activa de la enfermedad acelera su resolución y permite la conversión
del esputo mucho más rápido(59).
Las dosis utilizadas varían en los diferentes estudios hasta
ahora revisados. Nursyam et al. encontraron un aumento significativo en
la tasa de conversión de esputo después de administrar 0,25 mg/día de
vitamina D durante la sexta semana
de tratamiento inicial de TB(60), Kota et al. encontraron que
60.000 UI/semana de vitamina D y 1 g/día de carbonato de
calcio también reducían el tiempo de conversión de esputo(61).
Sin embargo, se debe tener en cuenta que todos los estudios
varían respecto a las condiciones de base de los pacientes
(comorbilidades, estado de nutrición, etc.). De hecho, en un estudio en
el que se administraron 100.000 UI de vitamina D solo
se logró la conversión en el esputo en un grupo de pacientes
que presentaban un polimorfismo en el gen del receptor de
vitamina D, sugiriendo así la relación con factores genéticos(62).
Como coadyuvante en el tratamiento de tuberculosis se
realizó un estudio en el que a 95 pacientes que recibían manejo anti TB
se les administró de forma aleatorizada altas dosis
de vitamina D (2,5 mg vitamina D3 cada 15 días) vs. placebo.
Los resultados demostraron que aquellos que recibieron dosis
de vitamina D presentaron de forma más rápida conversión
del esputo y lograron recuperarse de efectos secundarios del
tratamiento como linfopenia, monocitosis e hipercitocinemia
de una manera más rápida. De hecho, el logro que resaltan en
este estudio es la supresión de citocinas proinflamatorias, las
cuales se asocian a mayor riesgo de mortalidad(32). Precisamente sobre
este punto, otros estudios han evidenciado que
niveles deficientes de vitamina D se asocian con respuesta autoinmune
en pacientes con tuberculosis.
Un estudio realizado en China con 386 pacientes con tuberculosis buscó
determinar la presencia de anticuerpos antinucleares (ANA) y establecer
si se asociaba a deficiencia de vitamina D. Un total de 87 pacientes
fueron positivos para ANAs.
Se determinaron los niveles de 25 (OH)D en los 87 pacientes
(ANA +) y en 87 pacientes (ANA-), encontrando que aquellos
con anticuerpos antinucleares positivos presentaban niveles
significativamente disminuidos de vitamina D (31,3±15,1 vs.
38,1±14,6 nmol/l, p=0,003). Aunque la muestra se considera
pequeña, es uno de los pocos estudios clínicos que evidencia el
papel inmunomodulador de la vitamina D(63).
Conclusiones
Como se aprecia, hay un papel claro y notable de la vitamina D en la
fisiopatología de esta entidad infecciosa que es aún
una amenaza para la salud pública global.
Pese a los resultados discordantes de los ensayos clínicos
sobre la suplementación con vitamina D en los pacientes con
tuberculosis hay varias cosas a mencionar; primero no se sabe
cuál es la producción local de vitamina D a nivel pulmonar y
si esta en realidad afecta la concentración de citocinas
antituberculosas. Por otro lado, hay que mencionar que en algunos
de estos ensayos clínicos en donde se encontraron los resultados no
favorables de la suplementación se conoció el estado
ulterior de los pacientes y la verdadera efectividad de la suplencia de
la misma.
Se deberán esperar los datos de los estudios en curso, que
esclarezcan todas las dudas que surgen de estos aspectos muy
interesantes de la vitamina D en la salud y en la enfermedad
y el impacto real que tendrá la suplementación de la misma
como tratamiento coadyudante en el desenlace final de estos
pacientes.
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