Disruptores
endocrinos y su camino hacia el
desequilibrio metabólico
Endocrine
disruptors and their pathway to metabolic imbalance
Sánchez P1, 2, 3, Zanabria M2
, Latorre S2
, Calvache J2
, Coy A1,2
, Rojas W1,2

1
Médico especialista en Endocrinología, Fundación Universitaria de
Ciencias de la Salud.
2
Médico especialista en Medicina Interna.
3
Endocrinólogo Clínica Las Américas, Medellín, Colombia. Grupo
COD2.
Autor de
correspondencia:
Pedro Sánchez Márquez
Correo
electrónico: pedros0822@hotmail.com
Fecha
de recepción: 25/06/2019
Fecha de
aceptación:
30/10/2019

Resumen
El presente artículo de revisión tiene como objetivo presentar, de
forma resumida, la evidencia que existe sobre las repercusiones
metabólicas a nivel de obesidad y diabetes, que se
genera como consecuencia de la exposición a sustancias químicas
exógenas, denominadas disruptores endocrinos (DE),
a las cuales nos exponemos de forma cotidiana y que afectan
nuestra salud y la de nuestra descendencia. Adicionalmente,
con la presente revisión hacemos un llamado no solo a la comunidad
médica, sino a los sectores involucrados en la producción, distribución
y reglamentación del uso de estas sustancias, pues cada vez hay más
evidencia de los efectos nocivos
que pueden generar y debemos evitar su uso.
Los datos se obtuvieron de estudios clínicos aleatorizados
y de una revisión en idioma español e inglés de los últimos
15 años, que incluyó los términos DeCS: disruptores endocrinos, con
alternativa DeCS: sustancias disruptoras endocrinas
y efecto disruptor endocrino, así como términos MeSH: endocrine
disruptors y alternativas MeSH: disruptors, endocrine; endocrine
disrupting chemicals; chemicals, endocrine disrupting;
endocrine disruptor effect; disruptor effect, endocrine; effect,
endocrine disruptor; endocrine disruptor effects; disruptor
effects, endocrine; effects, endocrine disruptor.
Palabras clave:
disruptores endocrinos, diabetes mellitus
tipo 1, diabetes mellitus
tipo 2, dibutil ftalato, fitoestrógenos,
obesidad, parabenos.
Abstract
Since the last century, lifestyle changes
have made us increasingly dependent on industrial tools for our current
days duties.
Without realizing it, many of these components can be harmful
to our health, it is the case of chemical products which in animal and
human studies have shown alterations of the immune
system, increasing the risk of endocrinopathies such as type 1
diabetes (Dt1), type 2 diabetes (Dt2) and obesity; these components are
known as endocrine disruptors (ED); The objective of
this narrative description is to mention the more frequently used
ED associated with the endocrine pathologies.
Keywords: Endocrine disruptors, diabetes mellitus,
type 1,
diabetes mellitus, type 2, dibutyl phthalate, obesity, parabens,
phytoestrogens.
El sistema endocrino regula el metabolismo de carbohidratos, grasas y
proteínas, lo que asegura el adecuado aporte
energético a las necesidades tisulares. Este control depende
de un equilibrio mediado por hormonas, las cuales mantienen
niveles constantes de glucosa en sangre, principalmente por
la producción hepática y renal de glucosa y los depósitos de
grasa en el tejido adiposo.
Con los estilos de vida del siglo XXI, nos encontramos expuestos a un
medio ambiente hostil para nuestra salud. Desde
la década de 1990 se han descrito químicos que interrumpen
el delicado equilibrio metabólico, denominados disruptores
endocrinos (DE), los cuales son sustancias exógenas que causan efectos
adversos sobre la salud de un organismo intacto
y su descendencia, con cambios en la función endocrina, estos
interfieren con la síntesis, secreción, transporte, sitio de
acción y metabolismo de diversas hormonas endocrinas (1, 2).
Estas sustancias se encuentran como compuestos altamente
heterogéneos, que incluyen solventes, compuestos plásticos,
pesticidas e incluso algunos agentes farmacéuticos. Su exposición se ha
asociado con diversas patologías, como el síndrome
metabólico, diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer.
Dependiendo del momento de exposición, estos pueden afectar a la
persona expuesta y su descendencia por un mecanismo
propuesto como la hipótesis del desarrollo de los orígenes de
la salud y la enfermedad. Según el proceso alterado reciben
diferentes términos, como el de obesógenos, cuando alteran el
control de la función adipocitaria.
Obesógenos
Se encuentran presentes en agentes industriales, farmacéuticos,
agropecuarios, plásticos, preservantes y pesticidas;
estos pueden interferir en la homeostasis del tejido adiposo.
El tiempo de exposición es proporcional a las consecuencias
asociadas, si la exposición es in
utero o en estados tempranos
posnatales se aumenta permanentemente el número de adipocitos en la
vida adulta, lo que predispondrá a mayor acumulación de otros DE, pues,
al ser muchos de ellos lipofílicos,
estos crean un círculo vicioso al acumularse en este tejido, lo
que estimula su aumento y la acumulación de más DE, que adicionalmente
tiene efectos nocivos, como es el caso de los xenobióticos, que forman
conjugados de ácidos grasos con efectos
tóxicos locales.
Por un lado, estos llevan a un aumento del número y tamaño de los
adipocitos, con alteración en el metabolismo lipídico, mediante la
interferencia de los reguladores transcripcionales, como los receptores
activados de proliferadores de
peroxisomas (PPAR) alfa (α), delta (δ) y gama (γ)(3). El PPAR γ
favorece la diferenciación de los progenitores adipocitarios, de
preadipocitos a adipocitos y regula la biosíntesis y almacenamiento
lipídico, por ejemplo, los ftalatos y parabenos presentes en las
botellas y latas de bebidas, así como el revestimiento
de tuberías y selladores dentales son potentes activadores del
PPAR γ, lo que promueve la diferenciación de células mesenquimales en
adipocitos (4), por su parte, el PPAR α estimula
la beta-oxidación de ácidos grasos. Adicionalmente pueden
interferir sobre los receptores esteroideos, lo que altera el
almacenamiento lipídico y el depósito de tejido graso. Dentro
de estos, los fitoestrógenos, como la genisteína y la daidzeína,
presentes en la soya y legumbres, han mostrado, en modelos
murinos y en mujeres posmenopáusicas, que llevan a acumulación de grasa
(5, 6). Asimismo, la utilización de fitoestrógenos en roedores durante
la gestación o lactancia contribuye a
obesidad en la descendencia (7).
En este mismo sentido se ha encontrado una relación entre
la exposición a productos perfluoro alquilados, en especial ácido
perfluorooctanoico en la niñez y al aumento de adiposidad
en la adolescencia y la edad adulta temprana (8). Adicionalmente, al
incrementar el tejido adiposo disminuye la sensibilidad a la insulina y
se altera el metabolismo lipídico. Por otra
parte, también se regula la sensación de hambre/saciedad, lo
que altera el balance energético a favor de un almacenamiento calórico.
Se ha observado una correlación entre los niveles
de bisfenol A (BPA) y leptina/ghrelina en modelos in vitro de
células adipocitarias, que aumentan la producción de leptina
luego de la exposición a BPA y en modelos murinos de posexposición a
metilparabenos (9). En pacientes sometidos a
cambios de dieta para pérdida de peso se ha observado que
la exposición a productos con perfluoro alquilados (ácido perfluoro
octanosulfónico y ácido perfluoro octanoico) se asocia
con ganancia de peso, especialmente en mujeres, esto se relacionó con
disminución de la tasa metabólica basal (10).
En tejido adiposo pardo, la exposición a contaminantes
ambientales, como el dicloro-difenil-tricloroetano (DDT), y
su metabolito dicloro-difenil-etileno (DDE), se asocian con un
mayor riesgo de obesidad, que podría relacionarse con menor
actividad del tejido adiposo pardo (11).
Diabetes tipo 1 (DM1)
Los DE pueden afectar glándulas como el páncreas (12)
pues se han asociado con alteraciones del desarrollo tanto del
sistema inmune como de las células pancreáticas. Su exposición durante
el desarrollo fetal o en edades tempranas puede
asociarse con diabetes mellitus
tipo 1, como se ha evidenciado en mujeres expuestas a altos niveles de
contaminación y
en modelos animales (13-15). Aquellas personas expuestas a
altos niveles de bisfenol A (BPA) y ácido perfluoro undecanoico
aceleraron el proceso de insulitis y desarrollo de diabetes,
aunque con resultados contradictorios con otros estudios en
probable relación con el tiempo y grado de exposición (16, 17).
Estudios epidemiológicos han observado que la exposición
in utero a arsénico se asocia
a cambios inmunológicos en recién nacidos, los cuales se relacionan con
el desarrollo de DM1
(18). Estudios experimentales in
vitro desarrollados en modelos animales han asociado la
exposición prenatal a tetraclorobidenzo p dioxina (TCDD) con
autoinmunidad posnatal (19).
En las células β pancreáticas, los DE aumentan la sensibilidad al daño
por parte del sistema inmune, llevando a apoptosis
y perpetuando la autoinmunidad al producir péptidos específicos contra
las células β (20). Por otra parte, la alteración en la
homeostasis del calcio y el estrés sobre el retículo endoplásmico
en las células beta pancreáticas produce apoptosis celular, lo que
afecta los islotes pancreáticos con ineficiencia en la secreción de
insulina, lo cual se ha demostrado en estudios longitudinales que
muestran cambios en los niveles de insulina en niños y adolescentes
(21, 22). En modelos animales, la exposición a BPA, ftalatos,
arsénico y bifenilos in utero
lleva a pérdida de la masa de células
beta y producción de insulina (23, 24). Asimismo, se ha comprobado que
el BPA altera la función y el número de macrófagos y
linfocitos B, además de causar una importante desregulación en
la producción de una gran variedad de citocinas, siendo la más
relevante una disminución en la secreción de IL-6, IL-10 e interferón
gamma, en asociación con la génesis de la diabetes tipo 1 (25).
En estudios genéticos se ha demostrado que el BPA actúa
como antagonista del receptor de andrógenos, lo que altera
su función. En la actualidad, existe cada vez más evidencia del
papel que desempeñan los andrógenos en la diabetes mellitus. Por ejemplo, se ha visto
que la deficiencia de testosterona
aumenta el riesgo de síndrome metabólico, diabetes mellitus
y enfermedades vasculares. Por ende, esta es otra de las vías
que explican la asociación positiva entre la BPA y el desarrollo
de diabetes mellitus (26).
Adicionalmente se ha observado que
los DE alteran la permeabilidad, inflamación y microbiota intestinal,
lo cual se asocia con el desarrollo de DM1.
Diabetes tipo 2
Se ha descrito que los DE interfieren con la secreción y acción de la
insulina, el metabolismo de la glucosa, como consecuencia, favorece el
desarrollo de la diabetes mellitus
tipo
2. Dentro de estos se encuentran relacionados los bifenilos
policlorados, organoclorados, pesticidas, BPA y ftalatos, entre
otros (27). La relación causal se ha propuesto por estudios
observacionales que han documentado, por ejemplo, cómo la
proximidad residencial con lugares de desecho contaminado
por bifenilos policlorados se asocia con mayores tazas de
hospitalización por diabetes, incluso se han realizado mediciones
séricas, en las que se encontró una asociación significativa entre su
concentración y la presencia de diabetes mellitus.
En una revisión sistemática de la literatura que incluyó 41
estudios de corte transversal y 8 estudios prospectivos y en
donde se realizaron mediciones séricas y urinarias de algunos
disruptores endocrinos, Song y colaboradores encontraron
una relación de riesgo entre dioxinas, bifenilo policlorado y
pesticidas clorinatados con la diabetes mellitus tipo 2 (28).
Se ha observado aumento de los niveles de glucosa sérica en
ayunas y posprandial, así como de niveles de insulina basal
y, con esto, mayor riesgo de diabetes mellitus
en las mujeres
expuestas a bifenilo policlorado; sin embargo, otros estudios
muestran que la asociación de la exposición a bisfenol A y el
desarrollo de diabetes es positiva únicamente en individuos
genéticamente predispuestos para el desarrollo de diabetes
mellitus tipo 2 con un OR de 1,89, mientras que no se demostró la
asociación en aquellos sin predisposición genética (29).
En la actualidad, la utilización frecuente de pesticidas se ha
asociado con un aumento del riesgo de diabetes mellitus, predominantemente en
poblaciones cercanas a los cultivos que
utilizan dichos pesticidas, al ser más probable encontrar presencia de
los mismos en el agua y diferentes alimentos; para
que este riesgo sea considerable se requiere una exposición
continua por varios años. Los organoclorados y las dioxinas
son los dos tipos de pesticidas que se han visto asociados con
dicho riesgo. La aldrina, dieldrina y heptacloro (organoclorados), así
como el ácido triclorofenoxiacético (dioxina), son los
productos que se asocian con mayor riesgo de diabetes mellitus, ya que
se ha demostrado que alteran el metabolismo de la
glucosa, lo que resulta en elevación en la concentración sérica
de la glucosa e insulina (26).
Conclusiones
Las enfermedades crónicas no transmisibles son la pandemia del siglo
XXI, en la actualidad, nos encontramos expuestos
a un ambiente hostil que vulnera nuestra salud. Los agentes
químicos, denominados disruptores endocrinos, han mostrado afectar la
homeostasis metabólica, lo que lleva a patologías
como obesidad y diabetes tipo 1 y 2, no solo de las personas
expuestas, sino también su descendencia, con el uso creciente
de estos agentes en diferentes industrias, como los pesticidas
y la fabricación de elementos de uso diario, como los plásticos.
El personal de salud y las entidades regulatorias deben estar
al tanto de los efectos nocivos que estos agentes pueden generar y
tomar así las medidas pertinentes para la prevención de
las enfermedades asociadas o, una vez que estas se presentan,
realizar el diagnóstico oportuno para dar el tratamiento apropiado y
evitar sus complicaciones.
Conflictos de interés
Ninguno.
Fuentes de financiamiento
Ninguna.
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